viernes

viernes por la noche.

Necesito un mapa ahora, una brújula, un reloj, cualquier cosa que me indique dónde ir.
Creo que nunca había estado tan perdida, tan desorientada.
Siempre tuve el norte claro, ahora no sé ni para dónde caminar. Siempre fui la de los planes, la de las listas y sus cheks, la que midió su vida en metros y métricas.
¿Y ahora? no sé dónde estoy, no sé a dónde voy y para ser franca.... me carga la sensación, frunce mi ceño, tensa mis manos y aprieta el estómago.
Maldita libertad sobrevalorada, ¿y qué hago ahora con el camino? ¿a dónde lo trazo?.
No es fácil esto de andar a la deriva, de flotar sin rumbo dando botes por la corriente, sin ser capaz de decidirse entre una orilla y la otra, entre avanzar o detenerse...
No soy así. No era así.
Nunca fui una aventurera, nunca fui de las que se lanza a volar, no sé guiarme por las entrellas y me marea el aire mientras caigo en picada.
No sé qué hacer.
Y la maldita pregunta recorre mis arterias y tiende a agolparse en mis muñecas y sienes.
Odio este periodo de mi vida, odié estos meses y si pudiera borrarlos lo haría sin vacilar.
No sé qué hacer. No sé dónde ir. Es viernes por la noche y el panorama más tentador es detener el reloj. Es viernes por la noche y nunca había deseado más 9mm más de peso en mi cabeza.

lunes

23,10,10

Otros besos, otros brazos, otro perfume.
La mejor terapia es dejarse querer, caminar con la frente en alto y reirte cada vez que un tipo saque el típico "morenaza".
No soy la última opción de nadie, soy mi primera opción.

ver

jueves

tiempos

Hay minutos en que sólo quieres hundirte,
en que suplicarías estar en lo oscuro, a 6 pies bajo tierra.
Hay tiempos en que crees es necesario estar a destiempo, fuera de las manecillas del reloj, lejos del contacto de toda brújula que indique un norte a seguir.
Necesito salir de ese momento, necesito huir de aquellos minutos que queman, de aquellas rabietas de odio y de atentados contra mi (co)razón.
Tengo miedo de no volver a encontrar la salida.

lunes

she fights for her life

Esa maldita máquina

300 gramos de peso.
75 latidos por minuto, 4500 por hora, 108.000 veces al día.
3000 millones de latidos en una vida.
Desearía que hubiera alguna forma de retrocer las agujas del engranaje,
partir desde cero, deslatir.
.
.
.
Partir desde cero.

jueves

Volviste.

Volviste con palabras bonitas y con promesas
...pero no volviste para volver.
Volviste sólo para romper todo: corazones, orgullos, rabias, lágrimas, futuros inciertos.
Todo. De nuevo.
Para asegurarte que nada volvería a esperarte alguna vez.
Como si no bastara una vez, como si no hubiese dolido ya lo suficiente.
No mediste tu retórica incendiaria, esa que golpea más fuerte que un martillo.
Y te aseguro que dolió. De nuevo.
.
Y pasó tu regreso, pasó el eco de las palabras y de las ataduras, pasaron los besos, pasaron las esperanzas.
Pasaste tú, por encima de todo, avasallando, sin mirar el desastre a tus pies.
Pasó el tiempo, ese que según tú soluciona las cosas.
No.
El tiempo no arregló nada, la paciencia se aburrió de aburrirse, esta vez se suicidó.
El tiempo sólo trajo a la razón, la razón al orgullo, y el orgullo al olvido.
.
Esta vez no seré tan descuidada como para avisarte de la huida o incluso decirte adiós,
la única forma de huir es silenciosamente.