viernes

viernes por la noche.

Necesito un mapa ahora, una brújula, un reloj, cualquier cosa que me indique dónde ir.
Creo que nunca había estado tan perdida, tan desorientada.
Siempre tuve el norte claro, ahora no sé ni para dónde caminar. Siempre fui la de los planes, la de las listas y sus cheks, la que midió su vida en metros y métricas.
¿Y ahora? no sé dónde estoy, no sé a dónde voy y para ser franca.... me carga la sensación, frunce mi ceño, tensa mis manos y aprieta el estómago.
Maldita libertad sobrevalorada, ¿y qué hago ahora con el camino? ¿a dónde lo trazo?.
No es fácil esto de andar a la deriva, de flotar sin rumbo dando botes por la corriente, sin ser capaz de decidirse entre una orilla y la otra, entre avanzar o detenerse...
No soy así. No era así.
Nunca fui una aventurera, nunca fui de las que se lanza a volar, no sé guiarme por las entrellas y me marea el aire mientras caigo en picada.
No sé qué hacer.
Y la maldita pregunta recorre mis arterias y tiende a agolparse en mis muñecas y sienes.
Odio este periodo de mi vida, odié estos meses y si pudiera borrarlos lo haría sin vacilar.
No sé qué hacer. No sé dónde ir. Es viernes por la noche y el panorama más tentador es detener el reloj. Es viernes por la noche y nunca había deseado más 9mm más de peso en mi cabeza.

lunes

23,10,10

Otros besos, otros brazos, otro perfume.
La mejor terapia es dejarse querer, caminar con la frente en alto y reirte cada vez que un tipo saque el típico "morenaza".
No soy la última opción de nadie, soy mi primera opción.

ver

jueves

tiempos

Hay minutos en que sólo quieres hundirte,
en que suplicarías estar en lo oscuro, a 6 pies bajo tierra.
Hay tiempos en que crees es necesario estar a destiempo, fuera de las manecillas del reloj, lejos del contacto de toda brújula que indique un norte a seguir.
Necesito salir de ese momento, necesito huir de aquellos minutos que queman, de aquellas rabietas de odio y de atentados contra mi (co)razón.
Tengo miedo de no volver a encontrar la salida.

lunes

she fights for her life

Esa maldita máquina

300 gramos de peso.
75 latidos por minuto, 4500 por hora, 108.000 veces al día.
3000 millones de latidos en una vida.
Desearía que hubiera alguna forma de retrocer las agujas del engranaje,
partir desde cero, deslatir.
.
.
.
Partir desde cero.

jueves

Volviste.

Volviste con palabras bonitas y con promesas
...pero no volviste para volver.
Volviste sólo para romper todo: corazones, orgullos, rabias, lágrimas, futuros inciertos.
Todo. De nuevo.
Para asegurarte que nada volvería a esperarte alguna vez.
Como si no bastara una vez, como si no hubiese dolido ya lo suficiente.
No mediste tu retórica incendiaria, esa que golpea más fuerte que un martillo.
Y te aseguro que dolió. De nuevo.
.
Y pasó tu regreso, pasó el eco de las palabras y de las ataduras, pasaron los besos, pasaron las esperanzas.
Pasaste tú, por encima de todo, avasallando, sin mirar el desastre a tus pies.
Pasó el tiempo, ese que según tú soluciona las cosas.
No.
El tiempo no arregló nada, la paciencia se aburrió de aburrirse, esta vez se suicidó.
El tiempo sólo trajo a la razón, la razón al orgullo, y el orgullo al olvido.
.
Esta vez no seré tan descuidada como para avisarte de la huida o incluso decirte adiós,
la única forma de huir es silenciosamente.

miércoles

¿y si en vez de dejarme desaparecer hubieras venido por mí esa noche?

Si quieres una confesión: te esperé.
Si quieres otra confesión: debería haber ganado la razón, seguiríamos tan amigos como siempre. Detesto esa estúpida imposibilidad de ser sólo tu amiga (... o quizás detesto: 1) no ser inteligente, 2) no ser bonita, 3) no vestirme bien).
Si quieres un par de confesiones más: Me pregunto qué estarás haciendo ahora y quién te acompaña con el Tom Collins.
Si quieres una última confesión: te extraño.

domingo

Crimen concluso

¿Qué otra cosa puedo hacer?

sábado

30,7,10

Es menos riesgoso caminar entre bombas que estar entre tus brazos,
es más fácil salir de una red ballenera que de tus cabellos,
y he llegado al convencimiento absoluto de que es más factible leer Kant en Alemán que dejar de pensar en ti.
.
Tengo miedo.
Un miedo que se niega a plasmarse en palabras bonitas y sonoras.
.
Soy vulnerable,
y yo, que amo la noche, no ansío sino ver contigo un amanecer.
.
Y lo admito, porque es absurdo seguir negándolo: has derribado todas las barreras, las infranqueables, las indestructibles, las que habia forjado a punta de razonamientos y estratagemas para que nadie osara siquiera acercarse.
.
Soy vulnerable a ti.
No sé cómo has logrado eso, de nuevo.

miércoles

Y sigo pensando en ti

sábado

pasa

Pasa algunas veces, en que la noche fría te trae esa insoportable certeza. Los huesos se vuelven de hielo, pero nada es más trágico que esa insoportable certeza.
Lo siento.
Lo sé.
Son siete letras que pesan más que alas kilométricas.
Malditas verdades que atraviesan con más fuerza que saetas, malditas verdades que le ganan la batalla a las mil y una razones previamente enumeradas.

jueves

¿vos también sos de tiza?

- Todo se deshace cuando lo agarrás, hasta cuando lo mirás - dijo Pola-. Sos como un ácido terrible, te tengo miedo.
- Hacés demasiado caso de unas pocas metáforas -
- No es solamente lo que digas, es una manera de... No sé, como un embudo. A veces me parece que me voy a ir resbalando entre tus brazos y que me voy a caer en un pozo. Es peor que soñar que uno se cae en el vacío.
- Tal vez - dijo Oliveira - no estás perdida del todo.
- Oh, dejame tranquila. Yo sé vivir, entendés. Yo vivo muy bien como vivo, aquí con mis cosas y mis amigos.
- Enumerá, enumerá. Eso ayuda. Sujétate a los nombres, así no te caés. Ahí está la mesa de luz, la cortina no se ha movido de la ventana, Claudette sigue en el mismo número DAN-ton 34 no sé cuántos, y tu mamá te escribe desde Aix-en-Provence. Todo va bien.
- Me das miedo, monstruo americano -dijo Pola apretándose contra él-. Habíamos quedado en que en mi casa no se iba a hablar de ...
- De tizas de colores.
- De todo eso.
Rayuela, 64.-

miércoles

sábado

La RAE es mi copiloto.

Colapso.

(Del lat. collapsus, part. pas. de collābi, caer, arruinarse).

1. m. Destrucción, ruina de una institución, sistema, estructura, etc.

2. m. Paralización a que pueden llegar el tráfico y otras actividades.

3. m. Mec. Deformación o destrucción bruscas de un cuerpo por la acción de una fuerza.

4. m. Med. Estado de postración extrema y baja tensión sanguínea, con insuficiencia circulatoria.

5. m. Med. Disminución anormal del tono de las paredes de una parte orgánica hueca, con decrecimiento o supresión de su luz.

martes

28,6,10

Tus labios huelen a mi perfume.
Y el resto...
ya sabes, contigo no puedo ser poética.
Detesto cuando el tiempo te arrincona en una esquina oscura, cuando la paciencia de colma y se queda calva de un ataque de nervios, cuando las uñas se carcomen a sí mismas y a las tripas del estómago les da por intentar componer una sinfonía.
Detesto cuando los nudos se entrelazan en mi espalda y el color de las lavandas va a parar justo debajo de mis ojos.
Quisiera dormirme en algodón.
Sí, ese inevitable colapso.
Sí, estoy estresada.

sábado

a veces, llorar


Llorar a lágrima viva, Oliverio Girondo.

Llorar a lágrima viva, Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando. Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca. Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria.
Llorar todo el insomnio y todo el día.


Sí, exponer el corazón es más difícil de lo que creía.

domingo

Nunca te vi llorar

Nunca te vi llorar.
Ahora que lo pienso,
nunca.

¿Qué muralla levantaste
al final de la playa
para que la marea
jamás llegue
a la vereda?

¿Qué pobre ventaja conseguís
andando por la vida
torciéndoles los brazos a las hadas,
apretando los dientes?

Es cierto,
alguna vez dijiste
que un día
decidiste
que ya nada te haría daño.

Le deseo
a tu engaño
que
se
d
e
s
m
o
r
o
n
e
.
Pronto.

Pedro Aznar

Amores residuales

No quiero ser un amor residual que sirva de consuelo y recompensa.
Me niego a ser una más de una larga lista de entretenciones sin nombre ni perfume.
Me rehúso a levantarme de la cama a medianoche, soy de las que quieren despertar en la mañana enredada en las sábanas, las que se miran como amanecer.
No voy a ser presa fácil ni carnada utilizada en la soledad. No soy de las que se buscan para evadir el aburrimiento o de las que se buscan "porque sí".
No quiero ser -una vez más- un amor que luego se lance a la deriva.
A ti sería tan, tan, tan ridículamente fácil amarte, pero debes saber que aunque apenas si me pueda resistir a tu sonrisa destartalada, declino a ser simplemente tu amor residual.

* Concepto de "amor residual": a tientas, Mario Benedetti.

jueves

martes

culpable.

Admito que te pienso más de lo que debería. Admito que podría pensarte aún más si mi razón no fuera tan estricta con aquella máquina latiente que algunos dicen llamar corazón; pero también admito que debería ser más fuerte, que debería de una vez por todas completar el escape que contigo nunca pude terminar, que debería dejar de verte, de hablarte, de pensarte. Tú deberías ser simplemente un habitante del olvido, un ciudadano desterrado de la memoria, un reo de condena perpetua por culpa de haberme roto más veces el corazón que ninguno, aunque ni siquiera lo sospeches.
Sí, soy culpable de anclarte en el presente, culpable de tentativa de incendio de todos tus defectos, culpable enterrar todas las cosas malas bajo hojas cafés y frágiles, culpable de tu defensa permanente, de negar el daño, de olvidar la pena, las lágrimas acumuladas, las estafas de cariño, las demás.
Pero no te equivoques, no estoy ni cerca ahora de aquella palabra de cuatro letras que me niego siquiera a pronunciar .
Nunca más podría confiar en ti con los ojos cerrados, nunca podría confiar en mí estando contigo.
.
Tú eres uno de mis mayores crímenes inconclusos.
¿Y tú qué dices, crees que podría volver a compartir un café contigo si cuando me encierro en tus ojos tengo tanto que reprimir, tanto miedo de volver a caer?

domingo

Robert Dosineau




Dosineau tiene la culpa de querer enamorarme en París.

lunes

Yo debería tomarme la vida menos en serio.

Jugar más. Comer más helado. Leer más. Escribir más. Seguir mariposas. Pisar más hojas en invierno. Vestirme sin miedo a descombinar. Perdonar. Querer más. Dejarme querer. Amar. Construir más puentes, más castillos imaginarios. Cortar más jazmines y hacerme un corona. Caminar. Comprarme rosas sólo porque sí. Releer otra vez el principito. Reír más. Hablarte sin importar las consecuencias y cuestionarme qué pensarás. Escuchar más música. Conocer más músicos. Pintar al óleo. Subirme a la luna y quedarme dormida. Ver más amaneceres. Tomar jugo de frutilla. Comer lechugas. Plantar un magnolio en el patio de atrás. Estudiar menos. Sacarme peores notas. Pasar menos tiempo en biblioteca. Buscar mis trabajos de pre-kínder y reirme. Ver videos antiguos. Caminar descalza en el césped húmedo. Decirle a un par de tipos cuánto los quise. Desnudarme frente al espejo sin pudor. Bañarme en el mar con la luna de testigo. Conocer Isla de Pascua. Imaginar. Soñar. Vivir.

miércoles

Fue.

Fue lindo compartir uno de esos mínimos instantes eternos, que alguna vez me llamaras nena y que al pensar -a veces- en ti, pensara en "vos"; pero cariño, debes saber que disto mucho de la estupidez o de la lentitud en el juego de la coquetería.
Sé que tus ojos casi-verdes, tu manía clasificatoria, y esa (bella) costumbre de cerrar las frases con canciones no estaban reservadas a mí, que no son más que una técnica que utilizas con algunas de las fichas de tu expediente - ¡y vaya a saber cuántas fichas hay!-.
Te notifico que nuestro breve -brevísimo tirando a inexistente- romance fue sólo juego, pura coquetería, pura conquista, puro intercambio de palabras rimbombantes y sonoras con las que ambos intentamos derribar nuestros acorazados, romper las líneas enemigas, construir un puente sin que el otro se percatase, o peor aún, sin que el otro lo pudiese evitar. Fue pura técnica, pura habilidad, pura destreza y poco de -despechado o despachado- corazón.
Aunque, si quieres, te puedo reconocer que en algún momento pensé que podrías sucumbir mis bases, que podrías agrietar la coraza... vos sabés, yo también -a veces- me equivoco.

lunes

There is always a "she".

Siempre hay una "ella". "La" mujer. La que se sueña en colores pasteles. La que se espera sin importar el clima o la hora. La que frena el tiempo cuando pasa. La que llevas orgulloso de la mano y muestras en sociedad. La que arranca suspiros melosos. La que se desea besar, abrazar. A ellas se les quiere, a ellas se les ama.
Algunas veces, existen también las "aquellas", "esas" u "otras". A ellas sólo se les quiere de noche. No se sueñan, sólo se toman. Esas sólo quitan el aliento con el contacto labial. No se les toma delicadamente de la mano, se las ciñe posesivamente de la cintura. No se presentan, se esconden en escenas nocturnas y solitarias. Aquellas no son las que conocen a mamá. Aquellas no son bellas. No se quieren, no se adoran, sólo son dignas de posesión. A esas no se les ama, nunca se las podría llegar a amar.
.
Y contigo, nunca he sido más que una otra.

domingo

Me acaban de regalar una canción.


.
Una de las canciones más lindas del mundo. Las que exigen ser escuchadas con los ojos cerrados y el corazón agarrado en el puño.
Y una historia.
Una de esas historias que se guardan cerca del corazón latiente y que se recuerdan furtivas cuando es necesario sonreir. Una de esas que pueden servir de marcapáginas y respecto a las cuales hay que ser cuidadoso: en cualquier minuto pueden abrir las alas y convertirse en mariposa.
Tú la escuchaste de ella, y mientras sus dedos seducían las cuerdas y su voz desafiaba la belleza de las curvas de su guitarra, tú te convertirte por cinco minutos en un rayo más de los que atraviesan el mediodía.
Tú implotaste.
.
Ya lo sabes, cuando tenga un regalo tan lindo como este, te lo daré.

sábado

Sólo ha sido vencido 4 veces: 3 hombres y 1 mujer.

Para Sherlock Holmes, ella es siempre la mujer. Rara vez le oí mencionarla de otro modo. A sus ojos, ella eclipsa y domina a todo su sexo. Y no es que sintiera por Irene Adler nada parecido al amor. Todas las emociones, y en especial ésa, resultaban abominables para su inteligencia fría y precisa pero admirablemente equilibrada. Siempre lo he tenido por la máquina de observar y razonar más perfecta que ha conocido el mundo; pero como amante no habría sabido qué hacer. Jamás hablaba de las pasiones más tiernas, si no era con desprecio y sarcasmo.
Eran cosas admirables para el observador, excelentes para levantar el velo que cubre los motivos y los actos de la gente. Pero para un razonador experto, admitir tales intrusiones en su delicado y bien ajustado temperamento equivalía a introducir un factor de distracción capaz de sembrar de dudas todos los resultados de su mente. Para un carácter como el suyo, una emoción fuerte resultaba tan perturbadora como la presencia de arena en un instrumento de precisión o la rotura de una de sus potentes lupas. Y sin embargo, existió para él una mujer, y esta mujer fue la difunta Irene Adler, de dudoso y cuestionable recuerdo.
.
Fragmento "Una Aventura en Bohemia".
.
La frase que no te debía haber robado.
La pregunta que no me debía haber hecho.
La respuesta que no debiera importarme.
.
No me pude resistir.

22,4,10.

No quiero recordar nada más que el sentir tus dedos tibios pasando la sal del margarita por mis labios.
El resto no lo recuerdo, y tampoco me interesa.

jueves

22,4,10 Cortés.

- ¿Tiene sueño señorita?
- No profesor.
- ¿Está cansada quizás?
- Tampoco.
- Entonces es una pena de amor.
Nada de pregunta, nada de vacilación, ninguna suavidad ; pura afirmación.
Ella baja la vista y se ríe: se delata.
Él vuelve a reír: victorioso. Como buen penalista tiene el don de leer los sentimientos y las intenciones de la gente.
- Lo único bueno de las penas de amor, es que nos recuerdan que estamos vivos. Para tener una pena de amor es necesario haber vivido, haber amado y tener buenos recuerdos; si no se pasó bien, no hay penas de amor. Quédese con eso, con la vida, con el buen recuerdo y no se lamente, ya volverá a amar.

martes

Pero él no estaría ahora en el puente.

¿Encontraría a la Maga? tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y oliv oque flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en Pons des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sopresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo del dentrífico.
.
Fragmento de Rayuela

lunes

just a bad day.

El ladrido despertador. La ducha fría. El frío matutino. El piropo desubicado. El encierro en la biblioteca. El ruido del tic-tac que taladra mi responsabilidad. Las cuatrocientas páginas que no leí. El control de la puta madre. La clase somnífera. El almuerzo saltado. El no verte. La espera. La vacuna. Mi odio a las agujas. Mi no-helado del emporio la rosa. El verlo a él. Los verbos ingleses que no sé usar. La micro que demora. La micro que no para. El pelirrojo que no me saca los ojos de encima. El palpitar de las sienes. El corazón atado. El sonido de los tacos que retumban en mi cabeza. El dolor punzante en el brazo inquierdo. La imposibilidad de dormir.

viernes

Amor Amarillo

Suele suceder que en estos días fríos de otoño hay unos escasos diez minutos del atardecer en que el cielo es amarillo, en que el sol osa teñir todo el cielo con un color ocre melancólico, en que la piel es dorada, los ojos color miel y las margaritas del living parecen brillar más que nunca, jactantes de que el sol les rinda pleitesía.
Producto de esos escasos diez minutos, esos en que no hay otro color que llene el espacio, en que no hay arreboles naranjas o bermellones, en que el cielo se rehúsa a pasar del celeste al negro, mi cabeza se llena de imágenes, mi garganta de suspiros y mis ojos se pierden en el puro color.
Usualmente pienso en la pintura del periodo romántico, pienso en Friedrich, en los campos de trigo de Millet pienso en si el zorro también se acordará del principito, en algunos versos, pienso en cementerios de mariposas.
Esta vez ha sido distinto, esta vez esos diez minutos he pensado en ti.

jueves

domingo




sábado

Green eyes, i miss you

lunes

Por más chocolate que coma -y he comido demasiado- ... no puedo evitar seguir triste.

espero que sólo sea estupidez femenina previa a aquellos días.

viernes

escapar volando de ti







miércoles

segunda despedida

Tomo tu silencio por un no, como señal de despedida, como sentencia ejecutoriada de algo que no fue ni será.
Tomo tu silencio como una orden a mi orgullo: levantaré la frente y anudaré mi garganta, cerraré los párpados y obligaré a mis ojos a no naufragar.
Tomo tu silencio como una nueva lección de que el pasado es sólo eso: pasado. Cerraré la puerta de mi mundo bajo las siete cerraduras que pensé que en algún momento tú abriste; te extradito de mi mundo y te pido que no vuelvas más, dejas una huella demasiado profunda y dolorosa; no sería capaz de soportar una tercera vez.
Tomo tu silencio, tus ojos verdes, tu sonrisa pétrea, tu voz rasposa e idealista, tomo los sueños que esperé compartir y los confino a la memoria, a ese lugar oscuro donde habitan los elefantes de los que te hablé, los domaré nuevamente y los haré retornar a aquel lugar donde se confinan las cosas que se quieren olvidar, las que se olvidan a punta de golpes, a punta de lágrimas, a punta de un tiempo que es capaz incluso de asesinar.

domingo

el problema es que me gustas demasiado

Tengo dos opciones:
1) Olvidar. OlvidarTE. Hacerme la loca como suelo hacer: dar vuelta la mirada, evitar tus ojos, cambiar el camino para no encontrarte en el paso, dejar de hablarte. Dejar la coquetería. Dejar de pensarte.
2) Ser Valiente. Algo que nunca he sido y tener los cojones para invitarte a salir, para sentarte frente a mí, para poner voz seria, mirarte a los ojos y decirte: el problema es que me gustas demasiado.
No sé qué hacer. Y odio no saber qué hacer.

miércoles

A J.M.

Algún tiempo atrás te perdí por un par de besos lanzados a cualquiera, te vendí por un par de copas y unos cuantos cigarros, cambié posibles amaneceres por una sola noche, fatídica noche en que las burbujas subidas del vaso a la cabeza pudieron más que la razón.
Apagué cualquier posible incendio de una sola vez e intenté revivir algún fuego con un estúpido mensaje que decía "Lo siento. Te quiero", ¡qué excusa más patética! como si seis sílabas pudieran arreglar cualquier cosa, como si fuesen suficiente pegamento para pegotear una carta que se ha roto en mil pedazos.
Lloré. Sí, lloré, y por primera vez, por primera y única vez vencí a mi propio orgullo, lo encerré bajo llave o lo metí debajo del colchón, porque no podía soportar que tus ojos verdes marinos me mirasen de un modo acusatorio, o peor aún, que no me mirasen de modo alguno.
Te regalé un libro con una dedicatoria que no sé si llegaste a comprender.
Intenté vendarte los ojos y hacerte olvidar.
Cargué con un mundo rosado que era más pesado que cualquiera que antes hubiera cargado.
Pero fuiste juez implacable y me expatriaste de tu corazón.
El resto me consoló diciendo que si no eras capaz de volver la vista a mi, era porque no me conocías lo suficiente, o peor aún, que no me querías lo suficiente. Tengo que reconocer que esas palabras bastaron para que el orgullo volviera altivo exigendo lo que era suyo, y yo, como buena escapista, cerré la puerta e intenté confinarte al sótano del olvido.
Estúpida de mi.
Ilusa de mi que creyó que podía mandar a discresión a los elefantes que habitan mi memoria, esos testarudos paquidermos que se niegan a olvidar, que se niegan a olvidarte.
El tiempo pasó rápido, pasaron los amores y sus desamores correspondientes, pasaron charlas, pasaron conversaciones de pasillo, pasaron estaciones, miradas furtivas en el patio, pasó la memoria, pasó el olvido. Pero ay de mí si pensé que podías simplemente pasar tú, porque como nuestro amigo poeta nos recuerda, el olvido está lleno de memoria, y en esa memoria tú tenías asiento preferencial.
No sé qué fue lo que devolvió tus ojos verdes a mi presente, pero trajiste contigo un ejército de crisálidas que revolotean cada vez que pasas y te las ingenistaste para que los antiguos elefantes volvieran a recordar y a pisar fuerte el piso acelerando las pulsaciones.
Un terrorista sucumbió tus bases.
Una encantada me hizo una zancadilla para caer directamente en tus brazos.
¿Y ahora qué?, ¿Ahora qué hago?
La valentía se escapó por la puerta más cercana.
No encuentro la respuesta en ningún manual.

martes

14,2,10

Siete años, quizás ocho.
Siete u ocho años atrás hubiese dado mi vida por esta noche.
Siete u ocho años atrás invoqué tu nombre mil veces, te conocí sin conocerte, te besé en el vacío, te escribí cartas de las que sólo fue testigo el viento, desangré atardeceres evocando tus ojos en los que jamás soñé verme reflejada -sí, con las mismas palabras, así de cursi, ¡qué atroz!-.
En aquel entonces atesoré cada detalle que lograba arrancarle al mundo de ti. Aún guardo un par de fotos, un par de dibujos olvidados o robados, un par de miradas que seguramente diste al azar, un abrazo que me diste prácticamente sin querer. Algunos minutos del recreo en que sólo tú eras mi foco. Una rosa que seguramente te obligaron a cortar para mí.
Hace siete u ocho años juraba en nombre de cupido que estábamos destinados, que el universo de alguna forma se había confabulado para que estubiésemos juntos y que sólo era cosa de tiempo que tú supieras lo que yo ya sospechaba hace tiempo -vaya sí que era estúpida y soñadora a los quince años-.
Soñé alguna noche hace siete u ocho años que me estrechabas en tus brazos, que me acogías en tu pecho, que te besaba, que despertaba junto a ti.
Y ahora no sé si fue sueño. No sé si fue simple azar, alguna una cursilería del destino en el que juré dejar de creer o una simple jugada maestra de algún plan diseñado para llenar mi estómago de mariposas.
No sé, pero sigo con una sonrisa pegada en la cara.

viernes

Deberías saber que:

  • Vengo llegando del teatro. Lo que más llamó mi atención fue el director de orquesta. Y sus manos. Y cómo se movían gráciles: a veces como dirigiendo el tránsito, a veces como acusando a un chico que se portaba mal, a veces como si tocara nocturnamente a alguna amante.
  • Mi último beso se lo di a un gringo que me dijo se llamaba José. Me dio todos sus datos anotados en un papel y me invitó a Colorado. Perdí el papel. Se llevó mi beso de vuelta a su país.
  • Mi última cita fue con un tipo que insiste en llamarme “chiquitita”. No creo que haya una segunda vez.
  • El último mensaje que recibí dice: “Estimada, no he parado para nada. Pero no me he olvidado. Hablamos.”. Sonreí. Respondí y volví a sonreir.
  • La última película que vi fue “hace tiempo que te quiero” de Philliphe Claudel. Sí, del que hablamos alguna vez, el de las almas grises, rematadamente grises. Adivina qué: sí, el título me ha recordado a ti.
  • No me acuerdo del color de tus ojos por más que trate de acordarme. Quizás eran verdes… ojalá lo fueran, suelen gustarme los hombres con ojos verdes.
  • Hoy miré mi teléfono unas tres veces sólo para ver si me llamabas.
  • Son las 2:27 a.m. y los ojos comienzan a cerrase.
  • Estoy pensando en ti.

miércoles

12,1,10 cine bajo las estrellas

Sinécdoque, New York es una de esas películas que no te dejan dormir, una de esas que empiezan justo cuando terminan, cuando la pantalla se va a negro y desde ahí no las puedes sacar de tu mente. Es un film que no se disfruta en la pantalla, sino que se saborea después, cuando tu cabeza explota tratando de encontrar alguna explicación, cuando reflejas tu vida en la vida del protagonista.

La película se centra en Caden Cotard, un director de teatro atormentado, incomprendido - diría incluso un tanto patético - que, luego del abandono de su esposa, se propone crear y dirigir una obra “real”; tan real que poco a poco se transforma en un pequeño new york, tan real que pronto absorbe la realidad misma, difundiendo los márgenes entre lo existente y lo imaginario, entre la vida misma y la obra que se lleva a cabo. Una colisión entre dos mundos, un desastroso descalabro entre la realidad y la ficción creada y creadora.
Alguien me dijo que se trata de una obra sobre la muerte, no lo creo así; creo más bien que es una obra sobre la vida, la vida que avanza sobre la muerte, la vida que reclama espacio vital y que compite con una muerte desintegradora de todo proyecto, de todo amor, de toda relación humana, de todos los ideales, pero desintegradora también del miedo, del vertiginoso avance del tiempo, del cambio del espacio, de la incomprensión y el anhelo de ser mejor.

La creación de Cotard, esa obra que nunca tuvo nombre, bien podría llamarse ser ella misma una sinécdoque de la vida; el nombre nunca fue encontrado, porque en el fondo, ese nombre es el tropo que designa el todo con el nombre de una parte ¿y cómo encontramos esa parte de la vida?. La obra, su obra “dura y real”, una obra total, un escenario donde la vida propia se vacía de sentido y se llena de creación genial, esa obra que representa su vida, en un punto que no está definido, traspasa la realidad y se toma su vida, desde ser su creación pasa a crear y Caden pasa de ser director, a personaje a dirigido, perdiendo el control de la obra y de su vida misma, entregándose, sin cuestionamientos a una vida ajena, a una vida impropia.
Me encuentro con mil interrogantes, con mil barreras que no permiten asir la obra en su totalidad, ¿tiene sentido algo de lo que sucede en esta película? ¿qué significa –si acaso significa algo-?… la pregunta debiera más bien ser: ¿tiene sentido encontrar el real sentido de la obra?, presiento que tal vez esa respuesta es la misma que se pudiese aplicar a la pregunta por el sentido de la vida misma.

“Todos nos precipitamos hacia la muerte. Sin embargo, aquí estamos, por el momento, vivos. Cada uno de nosotros sabiendo que morirá; cada uno de nosotros confiando en secreto en que no lo hará” (Caden).

“Caden Cotard es un hombre ya muerto, viviendo en un limbo entre stasis y antistasis. El tiempo está concentrado y la cronología es confusa para él. Al menos hasta que recientemente se ha esforzado con valentía por dar sentido a la situación, pero ahora se ha convertido en piedra” (Ellen).

“Todo lo que quiero es que alguien me vea, que alguien me mire con dulzura. Ser la persona más especial del mundo para una sola persona” (Caden).

*** Integro este comentario dentro de “desafío 50” porque me leí el guión; interesante experiencia, nunca antes lo había hecho.

lunes

anoche. esta noche

Esta noche, estaría bien que me quisieras.
Estaría bien que refugiaras tu mente confusa en mi pecho,
que vaciaras tu vacío en mi cama,
que apretaras mi mano como aprietas tu pluma que nunca deja de avanzar.

Esta noche estaría bien que cerraras tus ojos a veces verdes y abrieras tus estrellas,
que expusieras tu pecho y me permitieras abrazarte,
que dejaras de buscar, de ordenar y que sólo te limitases a respirar,
a llenar tu mundo y a vaciarlo con el alba.

Esta noche,
Estaría bien que te callaras, que te durmieras, y que me quisieras,
Sólo eso.
Yo estoy aquí, lo sabes.

domingo

7,1,10 (entrada atrasada, para variar).

Reconozco que no soy una catedrática de la danza moderna, es más, ni siquiera podría decir que soy muy asidua a ella o que es de los espectáculos que llaman mi atención. Pero no pude dejar de ir a ver la última creación de Pina Bausch, directora del Tanztheater Wuppertal, obra inspirada en nuestro país.
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“Como el musguito en la piedra ay sí, sí, sí…” se configuró en varios cuadros, varias escenas que fueron representando “lo chileno” a través de los cuerpos y movimientos llenos de emoción e incluso cierto salvajismo de los bailarines. Si el ballet se trata de la contención, este espectáculo se trata del desborde de emociones, de la fuerza con la que se puede transmitir algo tan íntimo.

Las mujeres llevaron vestidos largos y vaporosos, el pelo suelto aumentaba la naturalidad e incluso la sensualidad; los hombres llevaron trajes, y a pesar de aquellas formalidades, de aquellas telas que cubrían sus cuerpos dóciles y a la vez indómitos, los bailarines se desplazaban, se contenían, explotaban, sudaban y jugaban con naturalidad.
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Los cuerpos tradujeron Chile en emoción, en movimiento. Hablaron de separación (inevitable tema en Chile), de amor, de ruptura (exquisito escenario). Hablaron de mujeres, de coquetería, de cafés con pierna, de los piroporos del poeta criollo callejero, incluso fotografiaron al lanza chileno. Tejieron junto a Chiloé y aprendieron a labrar la tierra en el campo chileno. Escuché el mar, los ríos y los vientos del altiplano. Escuché a Violeta Parra, a Víctor Jara, incluso a la gran Cecilia y al grupo Congreso. Una obra que, pese a ser representada por una compañía Alemana y con bailarines de todo el globo, es profundamente chilena y propia.

Volver a los 17, es volver a ser de repente tan frágil como un segundo”, “Sólo el amor con su ciencia nos vuelve inocentes” dice la canción de la cual la obra tomó su nombre, y en definitiva eso es lo que nos pide el montaje, esa es la última intepelación de Pina Bausch, nos pide ser frágiles, sensibilizar el corazón, dejarnos llenar de emoción, de lo nuestro, del amor por lo nuestro. Si quieren que sea honesta, la obra “como un todo” no la entendí, pero creo que más que entenderla, había que vivirla, había que sentirla, dejarse tocar, cerrar la cabeza chilena cuadrada que siempre –como condorito- exige una explicación y abrirse a la emoción, al musguito, que se enreda como en el muro la hiedra, que en definitiva no es otra cosa sino el amor .
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Con esta canción, lejos el cuadro más emocionante del montaje

viernes

Admito que me gusta la caballerosidad.

Por más que presuma ser una mujer fuerte e independiente, una mujer que ríe frente a los ritos antiguos y a los prototipos históricos, me gusta la caballerosidad.
Me gusta que me abran el paso, ir al lado cubierto de la calle, que me tomen la mano cuando hay algún peligro que acecha; me gusta que me protejan, que me miren con cariño casi paternal, que me cuiden de las miradas curiosas y lascivas de los que observan voyeristas. Me gusta que me hagan pasar primero, que me abran las puertas y corran la silla cuando nos disponemos a sentarnos a conversar.
Me gusta también que me miren con ojos coquetos, que pavoneen sus encantos como tratando de convencerme que son mi próximo príncipe azul, es más, me gusta que presuman, que mientan sobre quienes son y que me vendan al mejor estudiante, al mejor hijo, el mejor yerno, el mejor amante (mientras yo me doy cuenta y río en mi interior).
Me gusta esto del juego de la coquetería.

martes

09

1) La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón.
2) Tokio Blues, Haruki Murakami.
3) Trilogía de Nueva York, Paul Auster.
4) Desayuno en Tiffany's, Truman Capote.
5) La amante de Bolzano, Sándor Márai.
6) Boquitas Pintadas, Manuel Puig.
7) Lo Bello y Lo Triste, Yasunari Kawabata.
8) La Insoportable levedad del ser, Milán Kindera.
9) Mujeres, Charles Bukowsky.
10) Kitchen, Banana Yoshimoto.
11) Almas Grises, Philiph Claudel.
12) Sputnik, mi amor, Haruki Murakami.
13) Sin Sangre, Alessandro Baricco.
14) Seda, Alessando Baricco.
15) Los dominios del lobo, Javier Marías.
16) El amor, las mujeres y la vida, Mario Benedetti.
17) Puentes como liebres, Mario Benedetti.
18) Pequeños cuentos Misóginos, Patricia Highsmith.
19) Un mundo Feliz, Aldous Huxley.

Lo sé... me falta reseñar millones.
No estoy tan lejos de los 50 =)... espero avanzar en el verano, la Universidad me consume en el año.

5,1,10

Si quieres que te sea honesta, iguana larguirucha, cara de cojín, vaca lechera no-voladora, te extraño.
Extraño los pies de limón en la cocina, el teatro en enero, las charlas de nada, la artesanía.
Extraño tus ojos bonitos, tus dientes feos, tus patas largas, tu imaginación voladora, tu cabeza que se niega a quedarse sobre tus hombros, tus manos creadoras, incluso tu poca preocupación

Parece declaración de amor media lesbiánica, já, pero tú sabes que claramente no lo es.

Pero aún me duele... y me duele más que al parecer tú no me extrañes a mí, no extrañes a esta vaca voladora, morocha y chica que siempre volvía a ti, porque a pesar de tu poca preocupación, a pesar de que tú no valoraras la amistad como yo, a pesar de que no quisieras contármelo todo como yo sí a tí, a pesar de que no me llames, ni des señal alguna de vida o de interés por recuperar mi confianza y amistad,a pesar de que sé que no debería o que tú te lo merezcas... a pesar de todo eso te quiero.