viernes

Deberías saber que:

  • Vengo llegando del teatro. Lo que más llamó mi atención fue el director de orquesta. Y sus manos. Y cómo se movían gráciles: a veces como dirigiendo el tránsito, a veces como acusando a un chico que se portaba mal, a veces como si tocara nocturnamente a alguna amante.
  • Mi último beso se lo di a un gringo que me dijo se llamaba José. Me dio todos sus datos anotados en un papel y me invitó a Colorado. Perdí el papel. Se llevó mi beso de vuelta a su país.
  • Mi última cita fue con un tipo que insiste en llamarme “chiquitita”. No creo que haya una segunda vez.
  • El último mensaje que recibí dice: “Estimada, no he parado para nada. Pero no me he olvidado. Hablamos.”. Sonreí. Respondí y volví a sonreir.
  • La última película que vi fue “hace tiempo que te quiero” de Philliphe Claudel. Sí, del que hablamos alguna vez, el de las almas grises, rematadamente grises. Adivina qué: sí, el título me ha recordado a ti.
  • No me acuerdo del color de tus ojos por más que trate de acordarme. Quizás eran verdes… ojalá lo fueran, suelen gustarme los hombres con ojos verdes.
  • Hoy miré mi teléfono unas tres veces sólo para ver si me llamabas.
  • Son las 2:27 a.m. y los ojos comienzan a cerrase.
  • Estoy pensando en ti.

miércoles

12,1,10 cine bajo las estrellas

Sinécdoque, New York es una de esas películas que no te dejan dormir, una de esas que empiezan justo cuando terminan, cuando la pantalla se va a negro y desde ahí no las puedes sacar de tu mente. Es un film que no se disfruta en la pantalla, sino que se saborea después, cuando tu cabeza explota tratando de encontrar alguna explicación, cuando reflejas tu vida en la vida del protagonista.

La película se centra en Caden Cotard, un director de teatro atormentado, incomprendido - diría incluso un tanto patético - que, luego del abandono de su esposa, se propone crear y dirigir una obra “real”; tan real que poco a poco se transforma en un pequeño new york, tan real que pronto absorbe la realidad misma, difundiendo los márgenes entre lo existente y lo imaginario, entre la vida misma y la obra que se lleva a cabo. Una colisión entre dos mundos, un desastroso descalabro entre la realidad y la ficción creada y creadora.
Alguien me dijo que se trata de una obra sobre la muerte, no lo creo así; creo más bien que es una obra sobre la vida, la vida que avanza sobre la muerte, la vida que reclama espacio vital y que compite con una muerte desintegradora de todo proyecto, de todo amor, de toda relación humana, de todos los ideales, pero desintegradora también del miedo, del vertiginoso avance del tiempo, del cambio del espacio, de la incomprensión y el anhelo de ser mejor.

La creación de Cotard, esa obra que nunca tuvo nombre, bien podría llamarse ser ella misma una sinécdoque de la vida; el nombre nunca fue encontrado, porque en el fondo, ese nombre es el tropo que designa el todo con el nombre de una parte ¿y cómo encontramos esa parte de la vida?. La obra, su obra “dura y real”, una obra total, un escenario donde la vida propia se vacía de sentido y se llena de creación genial, esa obra que representa su vida, en un punto que no está definido, traspasa la realidad y se toma su vida, desde ser su creación pasa a crear y Caden pasa de ser director, a personaje a dirigido, perdiendo el control de la obra y de su vida misma, entregándose, sin cuestionamientos a una vida ajena, a una vida impropia.
Me encuentro con mil interrogantes, con mil barreras que no permiten asir la obra en su totalidad, ¿tiene sentido algo de lo que sucede en esta película? ¿qué significa –si acaso significa algo-?… la pregunta debiera más bien ser: ¿tiene sentido encontrar el real sentido de la obra?, presiento que tal vez esa respuesta es la misma que se pudiese aplicar a la pregunta por el sentido de la vida misma.

“Todos nos precipitamos hacia la muerte. Sin embargo, aquí estamos, por el momento, vivos. Cada uno de nosotros sabiendo que morirá; cada uno de nosotros confiando en secreto en que no lo hará” (Caden).

“Caden Cotard es un hombre ya muerto, viviendo en un limbo entre stasis y antistasis. El tiempo está concentrado y la cronología es confusa para él. Al menos hasta que recientemente se ha esforzado con valentía por dar sentido a la situación, pero ahora se ha convertido en piedra” (Ellen).

“Todo lo que quiero es que alguien me vea, que alguien me mire con dulzura. Ser la persona más especial del mundo para una sola persona” (Caden).

*** Integro este comentario dentro de “desafío 50” porque me leí el guión; interesante experiencia, nunca antes lo había hecho.

lunes

anoche. esta noche

Esta noche, estaría bien que me quisieras.
Estaría bien que refugiaras tu mente confusa en mi pecho,
que vaciaras tu vacío en mi cama,
que apretaras mi mano como aprietas tu pluma que nunca deja de avanzar.

Esta noche estaría bien que cerraras tus ojos a veces verdes y abrieras tus estrellas,
que expusieras tu pecho y me permitieras abrazarte,
que dejaras de buscar, de ordenar y que sólo te limitases a respirar,
a llenar tu mundo y a vaciarlo con el alba.

Esta noche,
Estaría bien que te callaras, que te durmieras, y que me quisieras,
Sólo eso.
Yo estoy aquí, lo sabes.

domingo

7,1,10 (entrada atrasada, para variar).

Reconozco que no soy una catedrática de la danza moderna, es más, ni siquiera podría decir que soy muy asidua a ella o que es de los espectáculos que llaman mi atención. Pero no pude dejar de ir a ver la última creación de Pina Bausch, directora del Tanztheater Wuppertal, obra inspirada en nuestro país.
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“Como el musguito en la piedra ay sí, sí, sí…” se configuró en varios cuadros, varias escenas que fueron representando “lo chileno” a través de los cuerpos y movimientos llenos de emoción e incluso cierto salvajismo de los bailarines. Si el ballet se trata de la contención, este espectáculo se trata del desborde de emociones, de la fuerza con la que se puede transmitir algo tan íntimo.

Las mujeres llevaron vestidos largos y vaporosos, el pelo suelto aumentaba la naturalidad e incluso la sensualidad; los hombres llevaron trajes, y a pesar de aquellas formalidades, de aquellas telas que cubrían sus cuerpos dóciles y a la vez indómitos, los bailarines se desplazaban, se contenían, explotaban, sudaban y jugaban con naturalidad.
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Los cuerpos tradujeron Chile en emoción, en movimiento. Hablaron de separación (inevitable tema en Chile), de amor, de ruptura (exquisito escenario). Hablaron de mujeres, de coquetería, de cafés con pierna, de los piroporos del poeta criollo callejero, incluso fotografiaron al lanza chileno. Tejieron junto a Chiloé y aprendieron a labrar la tierra en el campo chileno. Escuché el mar, los ríos y los vientos del altiplano. Escuché a Violeta Parra, a Víctor Jara, incluso a la gran Cecilia y al grupo Congreso. Una obra que, pese a ser representada por una compañía Alemana y con bailarines de todo el globo, es profundamente chilena y propia.

Volver a los 17, es volver a ser de repente tan frágil como un segundo”, “Sólo el amor con su ciencia nos vuelve inocentes” dice la canción de la cual la obra tomó su nombre, y en definitiva eso es lo que nos pide el montaje, esa es la última intepelación de Pina Bausch, nos pide ser frágiles, sensibilizar el corazón, dejarnos llenar de emoción, de lo nuestro, del amor por lo nuestro. Si quieren que sea honesta, la obra “como un todo” no la entendí, pero creo que más que entenderla, había que vivirla, había que sentirla, dejarse tocar, cerrar la cabeza chilena cuadrada que siempre –como condorito- exige una explicación y abrirse a la emoción, al musguito, que se enreda como en el muro la hiedra, que en definitiva no es otra cosa sino el amor .
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Con esta canción, lejos el cuadro más emocionante del montaje

viernes

Admito que me gusta la caballerosidad.

Por más que presuma ser una mujer fuerte e independiente, una mujer que ríe frente a los ritos antiguos y a los prototipos históricos, me gusta la caballerosidad.
Me gusta que me abran el paso, ir al lado cubierto de la calle, que me tomen la mano cuando hay algún peligro que acecha; me gusta que me protejan, que me miren con cariño casi paternal, que me cuiden de las miradas curiosas y lascivas de los que observan voyeristas. Me gusta que me hagan pasar primero, que me abran las puertas y corran la silla cuando nos disponemos a sentarnos a conversar.
Me gusta también que me miren con ojos coquetos, que pavoneen sus encantos como tratando de convencerme que son mi próximo príncipe azul, es más, me gusta que presuman, que mientan sobre quienes son y que me vendan al mejor estudiante, al mejor hijo, el mejor yerno, el mejor amante (mientras yo me doy cuenta y río en mi interior).
Me gusta esto del juego de la coquetería.

martes

09

1) La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón.
2) Tokio Blues, Haruki Murakami.
3) Trilogía de Nueva York, Paul Auster.
4) Desayuno en Tiffany's, Truman Capote.
5) La amante de Bolzano, Sándor Márai.
6) Boquitas Pintadas, Manuel Puig.
7) Lo Bello y Lo Triste, Yasunari Kawabata.
8) La Insoportable levedad del ser, Milán Kindera.
9) Mujeres, Charles Bukowsky.
10) Kitchen, Banana Yoshimoto.
11) Almas Grises, Philiph Claudel.
12) Sputnik, mi amor, Haruki Murakami.
13) Sin Sangre, Alessandro Baricco.
14) Seda, Alessando Baricco.
15) Los dominios del lobo, Javier Marías.
16) El amor, las mujeres y la vida, Mario Benedetti.
17) Puentes como liebres, Mario Benedetti.
18) Pequeños cuentos Misóginos, Patricia Highsmith.
19) Un mundo Feliz, Aldous Huxley.

Lo sé... me falta reseñar millones.
No estoy tan lejos de los 50 =)... espero avanzar en el verano, la Universidad me consume en el año.

5,1,10

Si quieres que te sea honesta, iguana larguirucha, cara de cojín, vaca lechera no-voladora, te extraño.
Extraño los pies de limón en la cocina, el teatro en enero, las charlas de nada, la artesanía.
Extraño tus ojos bonitos, tus dientes feos, tus patas largas, tu imaginación voladora, tu cabeza que se niega a quedarse sobre tus hombros, tus manos creadoras, incluso tu poca preocupación

Parece declaración de amor media lesbiánica, já, pero tú sabes que claramente no lo es.

Pero aún me duele... y me duele más que al parecer tú no me extrañes a mí, no extrañes a esta vaca voladora, morocha y chica que siempre volvía a ti, porque a pesar de tu poca preocupación, a pesar de que tú no valoraras la amistad como yo, a pesar de que no quisieras contármelo todo como yo sí a tí, a pesar de que no me llames, ni des señal alguna de vida o de interés por recuperar mi confianza y amistad,a pesar de que sé que no debería o que tú te lo merezcas... a pesar de todo eso te quiero.