lunes

There is always a "she".

Siempre hay una "ella". "La" mujer. La que se sueña en colores pasteles. La que se espera sin importar el clima o la hora. La que frena el tiempo cuando pasa. La que llevas orgulloso de la mano y muestras en sociedad. La que arranca suspiros melosos. La que se desea besar, abrazar. A ellas se les quiere, a ellas se les ama.
Algunas veces, existen también las "aquellas", "esas" u "otras". A ellas sólo se les quiere de noche. No se sueñan, sólo se toman. Esas sólo quitan el aliento con el contacto labial. No se les toma delicadamente de la mano, se las ciñe posesivamente de la cintura. No se presentan, se esconden en escenas nocturnas y solitarias. Aquellas no son las que conocen a mamá. Aquellas no son bellas. No se quieren, no se adoran, sólo son dignas de posesión. A esas no se les ama, nunca se las podría llegar a amar.
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Y contigo, nunca he sido más que una otra.

domingo

Me acaban de regalar una canción.


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Una de las canciones más lindas del mundo. Las que exigen ser escuchadas con los ojos cerrados y el corazón agarrado en el puño.
Y una historia.
Una de esas historias que se guardan cerca del corazón latiente y que se recuerdan furtivas cuando es necesario sonreir. Una de esas que pueden servir de marcapáginas y respecto a las cuales hay que ser cuidadoso: en cualquier minuto pueden abrir las alas y convertirse en mariposa.
Tú la escuchaste de ella, y mientras sus dedos seducían las cuerdas y su voz desafiaba la belleza de las curvas de su guitarra, tú te convertirte por cinco minutos en un rayo más de los que atraviesan el mediodía.
Tú implotaste.
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Ya lo sabes, cuando tenga un regalo tan lindo como este, te lo daré.

sábado

Sólo ha sido vencido 4 veces: 3 hombres y 1 mujer.

Para Sherlock Holmes, ella es siempre la mujer. Rara vez le oí mencionarla de otro modo. A sus ojos, ella eclipsa y domina a todo su sexo. Y no es que sintiera por Irene Adler nada parecido al amor. Todas las emociones, y en especial ésa, resultaban abominables para su inteligencia fría y precisa pero admirablemente equilibrada. Siempre lo he tenido por la máquina de observar y razonar más perfecta que ha conocido el mundo; pero como amante no habría sabido qué hacer. Jamás hablaba de las pasiones más tiernas, si no era con desprecio y sarcasmo.
Eran cosas admirables para el observador, excelentes para levantar el velo que cubre los motivos y los actos de la gente. Pero para un razonador experto, admitir tales intrusiones en su delicado y bien ajustado temperamento equivalía a introducir un factor de distracción capaz de sembrar de dudas todos los resultados de su mente. Para un carácter como el suyo, una emoción fuerte resultaba tan perturbadora como la presencia de arena en un instrumento de precisión o la rotura de una de sus potentes lupas. Y sin embargo, existió para él una mujer, y esta mujer fue la difunta Irene Adler, de dudoso y cuestionable recuerdo.
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Fragmento "Una Aventura en Bohemia".
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La frase que no te debía haber robado.
La pregunta que no me debía haber hecho.
La respuesta que no debiera importarme.
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No me pude resistir.

22,4,10.

No quiero recordar nada más que el sentir tus dedos tibios pasando la sal del margarita por mis labios.
El resto no lo recuerdo, y tampoco me interesa.

jueves

22,4,10 Cortés.

- ¿Tiene sueño señorita?
- No profesor.
- ¿Está cansada quizás?
- Tampoco.
- Entonces es una pena de amor.
Nada de pregunta, nada de vacilación, ninguna suavidad ; pura afirmación.
Ella baja la vista y se ríe: se delata.
Él vuelve a reír: victorioso. Como buen penalista tiene el don de leer los sentimientos y las intenciones de la gente.
- Lo único bueno de las penas de amor, es que nos recuerdan que estamos vivos. Para tener una pena de amor es necesario haber vivido, haber amado y tener buenos recuerdos; si no se pasó bien, no hay penas de amor. Quédese con eso, con la vida, con el buen recuerdo y no se lamente, ya volverá a amar.

martes

Pero él no estaría ahora en el puente.

¿Encontraría a la Maga? tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y oliv oque flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en Pons des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sopresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo del dentrífico.
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Fragmento de Rayuela

lunes

just a bad day.

El ladrido despertador. La ducha fría. El frío matutino. El piropo desubicado. El encierro en la biblioteca. El ruido del tic-tac que taladra mi responsabilidad. Las cuatrocientas páginas que no leí. El control de la puta madre. La clase somnífera. El almuerzo saltado. El no verte. La espera. La vacuna. Mi odio a las agujas. Mi no-helado del emporio la rosa. El verlo a él. Los verbos ingleses que no sé usar. La micro que demora. La micro que no para. El pelirrojo que no me saca los ojos de encima. El palpitar de las sienes. El corazón atado. El sonido de los tacos que retumban en mi cabeza. El dolor punzante en el brazo inquierdo. La imposibilidad de dormir.

viernes

Amor Amarillo

Suele suceder que en estos días fríos de otoño hay unos escasos diez minutos del atardecer en que el cielo es amarillo, en que el sol osa teñir todo el cielo con un color ocre melancólico, en que la piel es dorada, los ojos color miel y las margaritas del living parecen brillar más que nunca, jactantes de que el sol les rinda pleitesía.
Producto de esos escasos diez minutos, esos en que no hay otro color que llene el espacio, en que no hay arreboles naranjas o bermellones, en que el cielo se rehúsa a pasar del celeste al negro, mi cabeza se llena de imágenes, mi garganta de suspiros y mis ojos se pierden en el puro color.
Usualmente pienso en la pintura del periodo romántico, pienso en Friedrich, en los campos de trigo de Millet pienso en si el zorro también se acordará del principito, en algunos versos, pienso en cementerios de mariposas.
Esta vez ha sido distinto, esta vez esos diez minutos he pensado en ti.

jueves

domingo




sábado

Green eyes, i miss you

lunes

Por más chocolate que coma -y he comido demasiado- ... no puedo evitar seguir triste.

espero que sólo sea estupidez femenina previa a aquellos días.

viernes

escapar volando de ti