martes

28,6,10

Tus labios huelen a mi perfume.
Y el resto...
ya sabes, contigo no puedo ser poética.
Detesto cuando el tiempo te arrincona en una esquina oscura, cuando la paciencia de colma y se queda calva de un ataque de nervios, cuando las uñas se carcomen a sí mismas y a las tripas del estómago les da por intentar componer una sinfonía.
Detesto cuando los nudos se entrelazan en mi espalda y el color de las lavandas va a parar justo debajo de mis ojos.
Quisiera dormirme en algodón.
Sí, ese inevitable colapso.
Sí, estoy estresada.