lunes

Mecanismo de autodefensa

Cerrarme al mundo.
Cerrarme como una ostra, esconderse como una tortuga o un caracol (o al menos como averstruz).
Cerrar los ojos tan fuerte que las pestañas duelan, todo con tal de que las mareas saladas no salgan de ese pozo negro en que se convierten mis pupilas cuando la lucha comienza.
Cerrar el corazón. Ponerle llave y perderla a propósito. Dársela de comer a las aves o echarla en una botella y arrojarla al mar. 
Cerrar la llave de paso de los pulmones. Contener la respiración. No dejar pasar nisiquiera el aire. Nisiquiera el aroma de los jazmines por la mañana.
Cerrarme en mi misma como un puercoespín.
Activar el mecanismo de autodefensa. Que nadie se dé cuenta que estoy qubrada por dentro, que nadie se dé cuenta que la lluvia está a punto de caer. 

domingo

24,8,14


Es como cuando estás al borde de un acantilado y tienes dos opciones. Miras al fondo, se ve el mar furioso chocando contra las rocas, ese mar que deja su calma y arremete contra la muralla de piedra inmóvil, que no cede ante sus intentos de conquista. Puedes mirar el espectáculo, disfrutar de las olas que orgullosas creen que se abrirán paso, y después iniciar la marcha buscando un nuevo acantilado del cual saltar. O puedes saltar ahora, y ser parte de la corriente, que pese a saber que las cosas no cambian, igual lo intenta porque qué más da, es la vida y la herida es la única forma de saber que sigues vivo. Yo estoy en el borde de ese acantilado, a punto de caer, pensando en lo idiota que sería lanzarme y formar parte de ese oleaje furioso que va a embestir la muralla impenetrable, siempre inmóvil, siempre altiva.  Por ti, estoy a punto de caer.

lunes

Volver

Han pasado muchos años, han pasado muchos países, muchas vidas, muchos besos, muchos latidos y deslatidos. Lo necesito. La sangre que golpea mis venas lo necesita, mis labios lo necesitan, los dedos se enredan de tanta emoción. Y volver a habitar este espacio por el que cuelga  las telarañas de mi memoria es necesario.