lunes

Mecanismo de autodefensa

Cerrarme al mundo.
Cerrarme como una ostra, esconderse como una tortuga o un caracol (o al menos como averstruz).
Cerrar los ojos tan fuerte que las pestañas duelan, todo con tal de que las mareas saladas no salgan de ese pozo negro en que se convierten mis pupilas cuando la lucha comienza.
Cerrar el corazón. Ponerle llave y perderla a propósito. Dársela de comer a las aves o echarla en una botella y arrojarla al mar. 
Cerrar la llave de paso de los pulmones. Contener la respiración. No dejar pasar nisiquiera el aire. Nisiquiera el aroma de los jazmines por la mañana.
Cerrarme en mi misma como un puercoespín.
Activar el mecanismo de autodefensa. Que nadie se dé cuenta que estoy qubrada por dentro, que nadie se dé cuenta que la lluvia está a punto de caer.